Seremos libres (y serémoslo, siempre) si hacemos de la integridad nuestra unión.

¿Cómo y cuándo fue que indignarnos por la desigualdad se volvió divisionismo y odio? ¿La única forma de unirnos es cuidando el reino del status quo sin pedir cambios?

Empecemos a hablar del país que nos tocará reconstruir cuando pase el temblor en lugar de insistir cada día en echarnos la culpa de lo destruido y vincularla siempre a la cara del Otro (del Otro, sí, nunca en la cara de los nuestros).

  • Yo quiero un país de ciudadanos que toman decisiones, y que para lograrlo, no son consumidores ¨naif¨ de información sino productores, promotores y difusores de conocimiento. Decisiones, además, íntegras usando la ética para poner por delante el interés de todos, rechazando los favores, los patrimonialismos y los privilegios de los que ostentan malhadadamente el poder.
  • También quiero un país con un Estado que proteja derechos, que sea un Estado renovado, que convoque méritos y probidad, que saque músculo para garantizar el bienestar común, que enfrente pobreza y desigualdad, que invierta en habilitar nuestra resiliencia para combatir, o reducir al menos, las vulnerabilidades.
  • Y quiero que ambas partes – ciudadanos y Estado – nos gobernemos reconociendo nuestras diversidades, mirándonos y haciendo progreso desde cada territorio.

Esa podría ser nuestra república.

Porque hacer de la lucha contra la pobreza y la desigualdad un implacable enfrentamiento no es hablar en lenguas divisionistas, no es buscar una santurrona dignificación, no es azuzar ideológicamente una lucha de clases, no.

La agenda común que deberíamos reafirmar este 28 de julio es poner a todos en la misma vereda, a todos adelante y a todos en primer lugar. No puede ser que la adherencia a esa aspiración libertaria del “firmes y felices por la unión” sea leída con perversión como una “cojudigna” afrenta divisionista.

Ya toca hacernos cargo de lo que nos une y de la integridad que este llamado histórico amerita a las presentes y nuevas generaciones.

José Luis Gargurevich.