La historia de dos presidentes que pretendieron salvarse mutuamente.

El 24 de diciembre del 2017, el entonces presidente Pedro Pablo Kuczynski verbalizaba su perdón a Alberto Fujimori; pero la partida de ajedrez del indulto había empezado meses antes. En septiembre de ese año, PPK  hace cambios estratégicos en su gabinete, saca a la ministra de justicia, Marisol Pérez Tello y a la de salud, Patricia García, dos mujeres que sabía que no iban a aceptar un indulto a la carta y cuyos ministerios eran esenciales para dar visos de legalidad al perdón al expresidente Fujimori. La primera acción del nuevo y utilitario ministro de Justicia, Enrique Mendoza, fue “disolver” la comisión de gracias presidenciales existentes, cambió a todos sus integrantes y nombró como presidente de la misma a un señor de 90 años que reconoció públicamente no haberse enterado de su designación pese a estar formalizada. En paralelo, el nuevo fajín del Ministerio de Justicia, sacó una resolución directoral que cambió las reglas de juego en la conformación de la Junta Médica Penitenciaria estableciendo que el médico tratante del reo integre la citada junta. Las gracias presidenciales son prerrogativas del presidente de turno, pero ningún poder en democracia es absoluto. Por eso, tras el escándalo de los narcoindultos firmados por el expresidente Alan García, se establecieron reglas mucho más claras  para concederlas.  

El 11 de diciembre de ese año, 2017, el expresidente Alberto Fujimori solicitó formalmente su indulto humanitario ante la Comisión de Gracias Presidenciales del Ministerio de Justicia. Cuatro días después, el 15 de diciembre, se concreta el primer pedido de vacancia contra PPK, el 21 tiene lugar el debate y la votación. El fujimorismo se parte en dos: el ala Keikista vota a favor. El ala “Kenji Avenger”, en contra. El propio expresidente Alberto Fujimori, minutos antes de la votación, llamó desde la cárcel a algunos congresistas naranjas para que salvaran de la guillotina a PPK y lo consigue. Un presidente salva a otro, en la mesa, a modo de transacción, el indulto a Alberto Kenya. Por supuesto, en ese momento las partes negaban semejante insulto a la democracia y a la ley.

Llega el 24 de diciembre y poco antes de que nazca el hijo de Dios, PPK se cree su reencarnación y anuncia que le concede al expresidente Alberto Fujimori, un indulto médico. No pronuncia la palabra humanitario porque sabe que no le corresponde, en ese momento su salud no lo ameritaba ni lo justificaba. PPK inventa un perdón a medida; el indulto médico. Inaugura una nueva prerrogativa presidencial “el perdón médico” una figura que no está contemplada en la legislación nacional ni internacional;  pero aplica la máxima de que la constitución recoge que el indulto es una decisión que toma el presidente en conciencia. Su conciencia se hace pública ese día.

El reo Alberto Fujimori sentenciado a 25 años por los delitos de: homicidio calificado, desaparición forzada y secuestro agravado, que en el Derecho Internacional son considerados  de lesa humanidad, es puesto en libertad. No había pedido perdón, no había pagado la reparación civil, había cumplido poco más de la mitad de la condena por los casos Cantuta y Barrios Altos y en ese momento estaba siendo procesado por el caso Pativilca.  

Es Navidad y el mundo está en otra frecuencia, pero se convocan marchas en contra del indulto.

Organismos de Derechos Humanos y familiares de las víctimas de la Cantuta y Barrios Altos anuncian que recurrirán a instancias internacionales para revertir lo que consideran es un indulto ilegal. Inmediatamente empiezan los trámites ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

El trueque de perdones entre Fujimori y PPK es evidente, las pruebas van llegando de a pocos y son demoledoras. En primer lugar, logramos acceder al expediente ultra secreto del indulto hecho por el Ministerio de Justicia para justificar legalmente lo imposible. El fajo de papeles es burdo, resulta que: con fecha 4 de diciembre del 2017 el INPE emite la constancia de que Alberto Fujimori no registra intentos de fuga y también con la postilla de indulto humanitario se firma el informe social del reo. Alberto Fujimori solicita el indulto humanitario el 11 de diciembre, pero desde días antes el gobierno ya está trabajando en preparar sus documentos de salida. En el expediente figuran además dos actas de Junta Médica Penitenciaria, la primera fechada el 17 de diciembre en dónde no se recomienda el indulto humanitario y la segunda el 19 dónde ya se recomienda el perdón bajo el argumento de que su reclusión puede afectar a su sistema inmunológico y complicar sus enfermedades no terminales. Alberto Fujimori tiene en ese momento 79 años. El expediente está repleto de irregularidades y llega a la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

El tiro de gracia a su libertad llegó desde su propio partido y fue disparado por su propia sangre. En marzo del 2018, cuando el líder naranja llevaba poco más de dos meses libre, Fuerza Popular con su hija Keiko como líder, convoca a conferencia de prensa y hace públicos los llamados “Mamanivideos”. A todo color y con conversaciones para la historia queda registrado el negociado de Kenji Fujimori para captar a congresistas naranjas que voten en contra de la vacancia de PPK a cambio de dádivas; todo con la finalidad de intercambiar una salvación por otra, salvar a PPK para lograr el indulto de su padre. Los congresistas involucrados con Kenji Fujimori a la cabeza son apartados del congreso y se inician acciones legales contra ellos, procesos que todavía no terminan. Los “Mamanivideos” obligaron a Pedro Pablo Kuczynski a renunciar a la presidencia ad portas de un segundo pedido de vacancia en su contra.  

La Corte Interamericana de Derechos Humanos, ordena a la justicia peruana revisar el indulto al presidente planteando el llamado control de convencionalidad. La Corte Suprema del Poder judicial cumple con revisar si el indulto se adecua a las normas de la Convención Interamericana de Derechos Humanos y el 3 de octubre del 2018 anula el indulto a Alberto Fujimori y ordena su arresto. Desde entonces el expresidente está recluido en la Dinoes, ahora tiene 83 años. Esta misma semana volvió a su centro de reclusión, en dónde cuenta con atención médica y ambulancia a su disposición 24 horas, luego de haber estado varios días ingresado en una clínica local.