Mirar a quien te insulta, Epicentro

Mirar a quien te insulta

Rafael López Aliaga me difama calificándome de "terruca". Me llama "mujercita", dice que soy lo peor y que protejo corruptos. Y concluye que para él no soy bienvenida. Para que no haya dudas: no me quedaría en un lugar en el que López Aliaga me considerara bienvenida.


El alcalde de Lima está acostumbrado a insultar, calificar, ofender y difamar impunemente y hace parte de un ecosistema desinformador en el que hay sujetos que creen que no los desmienten porque dicen la verdad. No. No los he desmentido porque sé que es tan inútil como esperar encontrar un manantial en un río de lixiviados.

Hace años han esparcido la versión de que hundí investigaciones periodísticas para proteger a corruptos. Eso es mentira. Estuve al frente de un equipo respetable de periodistas que pueden dar constancia de que mi único compromiso siempre fue, y sigue siendo, con los hechos contrastados y la defensa de la verdad y que no habrían permitido que alguien los censurara o manipulara. Los que dicen ser "testigos" de mi comportamiento deleznable elogiaron mi trabajo públicamente hasta el último día y pasaron cómodos varios años en un equipo que era, sin duda, y lo saben, el mejor del momento.

Hicimos un equipo profesional y firme con directores de la categoría de Gabriela García, Carola Miranda, Carlos Fonseca y Carlos Mauriola, de experiencia y prestigio incuestionables. Las publicaciones de Daniel Yovera, Anuska Buenaluque, David Gómez Fernandini, Carlos Castro, Carlos Hidalgo, Graciela Villasis, René Gastelumendi y Matilde Soto, entre otros reporteros de larga y respetable trayectoria, que fueron publicadas y aún se encuentran en las redes, desmienten solas las versiones de los mensajeros de la farsa desesperados por segundos de atención y despechados por un pasado que nunca volverán a tener. 

El ecosistema de la desinformación dice cuestionarme por lo que supuestamente no hice, cuando en realidad lo que no soportan, y por lo que para ellos merezco el destierro, es lo que he hecho: exponer sus lazos con la corrupción.


El mismo entorno de la mentira ha alimentado durante años versiones de supuestas complicidades de mi parte con los terroristas. Fui reportera del doloroso conflicto interno en Colombia, le he visto de frente la cara al demonio de la guerra y nadie tiene un solo argumento para sustentar semejante infamia contra mí. Me he negado a desmentir a quienes me acusan de filo terrorista y amante de las FARC porque he entendido que la categoría de su miseria no alcanza al tamaño de mi respetabilidad.

Cuando López Aliaga dice que soy una "mujercita" utiliza un diminutivo que solo habla de su pequeñez. Sí, soy mujer y eso también parece ofenderle.

No gastaré más tiempo en este asunto. Reitero. No me quedaría en un lugar en el que el alcalde de Lima me diera la bienvenida, entre otras cosas porque correría el riesgo de encontrarme con personajes como Alberto Venero, testaferro de Vladimiro Montesinos, que comparten espacios sociales con Rafael López Aliaga, como revelamos aquí en Epicentro.

Como dice un escolio del gran filósofo colombiano Nicolás Gómez Dávila, "basta mirar a quien te insulta para saberte vengado".