Un ave muerta flota frente a una de las islas guaneras de Ancón. Es un guanay, la especie de pájaro guanero que más abunda en esta zona marina peruana.

El perjuicio en la fauna marina producido por el gigantesco derrame de petróleo de la empresa española Repsol, en las narices de los que operan la Refinería La Pampilla, en Ventanilla, todavía no termina de manifestarse dos semanas después del ecocidio.

El jueves 3 de febrero el equipo del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas, Sernanp, que monitorea las islas e islotes guaneros de Ancón, registró sólo en el islote llamado Grupo de Pescadores, el más grande de todos los de esa zona, trece aves muertas, la mayoría, guanays. Cinco flotaban en el agua.

Las demás aves sin vida registradas el jueves yacía en las laderas de las islas.

El equipo de Sernanp también contabiliza las aves manchadas con petróleo porque el nivel de protección de su plumaje disminuye con el combustible, tanto bajo el agua y como bajo el sol. El líquido oscuro sobre sus cuerpos puede producirles cuadros de hipertermia o excesiva temperatura corporal.  El médico veterinario Giancarlo Inga y el guardaparques Yonathan Vilca observan con sus binoculares; mientras que la ingeniera agrónoma Patricia Marañón registra a las víctimas y anota las coordenadas.

Si bien la evidencia que recogen es valiosa para determinar científicamente las causas de la muerte de los ya cientos de aves, y fundamental para la demanda por daños y perjuicios que el Estado o la ciudadanía deben plantear contra la empresa Repsol, la observación que realizan no abarca las zonas altas de los islotes ni las submarinas. Ese es otro gran problema. Pese al esfuerzo desplegado, la observación aún no es integral.

En el trayecto del muelle del balneario de Ancón hasta los islotes, se observó cinco líneas extensas de combustible, que la marea parece llevar hacia el litoral.

Ya no es una mancha oscura, como en los primeros días. Una gran cantidad del hidrocarburo se ha hundido, y la que queda flotando, ha adquirido un color marrón y un aspecto aceitoso.

Esas manchas y líneas del contaminante seguirán yendo imparables hacia el litoral de Ancón y de otros pueblos al norte de Lima. Así ocurre a diario. Este equipo de trabajadores contratados por Repsol está limpiando esta playa.

Pero observen el procedimiento de limpieza de las rocas de la playa, explicado gentilmente por una trabajadora.

Ahora observe lo que pasa cuando rascamos la superficie de esta piedra, que está, se supone, ya separada de las demás.

Esta mirada apenas parcial de los daños que ha provocado la acción de la empresa española Repsol y su derrame de casi 12 mil barriles, si acaso más, crecerá y se volverá más compleja con el paso de los días. En lo que toca a los equipos de monitoreo de Sernanp, seguirán recorriendo y recogiendo evidencias por 75 días más. El jueves registraron las 13 aves sin vida que hemos reportado; el viernes fueron 20, y una rescatada en mal estado. Así que, para cuando terminen su labor, estará más clara la magnitud del ecocidio, algo nunca antes visto en este país.