COP30 en Belém: el poder de la Amazonía y la urgencia de la acción climática, Epicentro TV

COP30 en Belém: el poder de la Amazonía y la urgencia de la acción climática

Desde Belém do Pará, la COP30 abre un nuevo capítulo en la historia de las negociaciones climáticas. No es casual que el encuentro se celebre aquí por primera vez. Más de 50 mil participantes de diversas partes del mundo nos reunimos en el territorio que marca el pulso climático del planeta. Ese solo hecho convierte a esta COP en un símbolo y, al mismo tiempo, en una prueba que busca mayor coherencia para los Estados.

Mientras las delegaciones nacionales oficiales representantes de 194 países debaten sobre transición energética y justicia climática, la Amazonía sigue perdiendo bosque a un ritmo alarmante. El 17% ya ha desaparecido, y si se alcanza el 20%, los ecosistemas podrían colapsar. Detrás de esas cifras hay una trama compleja de corrupción, crimen organizado y economías ilícitas que capturan territorios y financian poder político.


En los primeros días de la cumbre, 43 países y la Unión Europea firmaron la Declaración de Belém, que busca acelerar la transición energética, aumentar la financiación climática y proteger los bosques tropicales. A esto se suma el Compromiso de Belém 4X, una alianza para cuadruplicar el uso de combustibles sostenibles al 2035 —aunque todavía evita pronunciarse sobre el fin de los combustibles fósiles— y la creación del fondo "Bosques Tropicales para Siempre" (TFFF), con 5 mil millones de dólares para premiar a los países que conserven sus bosques. El Perú ha expresado su interés en sumarse a este mecanismo, según lo adelantaron representantes del MINAM durante la reunión con la delegación nacional ocurrida el día de ayer en el pabellón azul de la cumbre climática.

Sin embargo, el debate de fondo sigue abierto. Las negociaciones giran en torno a cuatro puntos cruciales:

  • Definir un nuevo objetivo global de financiamiento climático, superando la promesa incumplida desde el 2010 de los 100 mil millones de dólares anuales.
  • Revisar las metas nacionales para mantener el límite de 1.5 °C.
  • Acordar una transición energética justa y un calendario realista para el fin de la era de los combustibles fósiles.
  • Y garantizar la integridad del proceso, ante la creciente presencia de intereses fósiles dentro de las propias delegaciones que negocian en la cumbre.

Belém representa, quizás, una de las últimas oportunidades para que la comunidad internacional adopte acuerdos reales y verificables frente a la crisis climática. Pero las condiciones geopolíticas son adversas y los mecanismos de negociación de la COP siguen siendo lentos, tecnocráticos y, muchas veces, incapaces de generar acción transformadora, ya que los compromisos que se asumen no son vinculantes.


Entre las prioridades impostergables es imprescindible que los negociadores planteen:

  • Financiamiento directo para pueblos indígenas y comunidades locales, el nuevo mecanismo financiero de TFFF debe brindar claridad en sus políticas operativas antes de operar y como se incorporará en este mecanismo a los pueblos indígenas y comunidades locales.
  • Acciones efectivas contra las economías ilícitas y el crimen organizado, sin esto los bosques tropicales desaparecerán irreversiblemente.
  • Y medidas para detener los flujos financieros ilícitos que alimentan la crisis climática y la captura de los Estados.

Sin avances reales, la COP corre el riesgo de perder relevancia como espacio de gobernanza global. Nos toca ahora, a los países con los últimos bosques tropicales del mundo, convertir este encuentro en un punto de inflexión.

Porque sin integridad no hay acción climática. Y sin Amazonía, no hay futuro.


(*) Directora del Programa de Gobernanza Ambiental de Proética.