Beca 18: El riesgo del fracaso no está en los y las estudiantes, está en los políticos, Epicentro Tv

Beca 18: El riesgo del fracaso no está en los y las estudiantes, está en los políticos

En un país donde nacer en pobreza todavía define, en gran medida, las oportunidades de futuro, Beca 18 ha sido una de las pocas políticas capaces de abrir una grieta real en esa desigualdad estructural. No es un programa cualquiera: es, quizá, el más potente instrumento de movilidad social creado por el Estado en los últimos quince años. Y sin embargo, hoy enfrenta un recorte que contradice tanto la evidencia como las promesas oficiales.

Los estudios que se han realizado en torno a este programa son contundentes, tal como lo señala CAPPES (mayo 2025)1, desde su creación en el 2,011 la Beca 18, ha permitido que jóvenes pobres y vulnerables —rurales, indígenas, afroperuanos, víctimas del conflicto armado, adolescentes protegidos por el Estado— ingresen a la educación superior y se mantengan en ella con tasas de éxito muy superiores al promedio nacional. Sus resultados son tan contundentes, que deberían bastar para blindarla políticamente.


Algunas cifras que se deben conocer y difundir; mientras solo 30,7% de jóvenes pobres accede a estudios superiores, entre los becarios de Beca 18 esa transición ocurre en el 47,9%, incrementando significativamente sus posibilidades. Y una vez ingresado/a a la universidad, la deserción está por debajo del 1%, frente a un 19% nacional.

En un país donde miles abandonan la universidad por razones económicas, Beca 18 se convirtió en esa línea que separa la continuidad del abandono. El programa no solo financia matrículas y manutención: acompaña, ofrece tutorías, nivelación académica, apoyo emocional y estrategias de adaptación contribuyendo así a quienes ingresen a estas universidades, puedan superar las brechas formativas. Proceso habitual que todo programa de inclusión social tiene que considerar.

Ese antes y después es evidente en los testimonios del estudio: jóvenes que, sin la beca, habrían terminado en empleos precarios o fuera del sistema educativo. Con la beca, acceden a carreras de alta demanda, se gradúan, ingresan antes al mercado laboral y tienen 13% más ingresos que otros egresados. Más del 90% es la primera generación de su familia en llegar a la universidad.

Y sin embargo a pesar de estos logros, del impacto que tiene este programa social, tal vez en único que puede mostrar en el campo de la educación, el dictamen de Presupuesto 2026 del Congreso de la República, omitió S/ 793 millones necesarios para financiar las 38.000 becas anunciadas por el propio Gobierno. No solo estamos hablando de la Beca 18: también de la Beca Permanencia y la Beca Tec las cuales quedaron sin respaldo. Esto pese a que el premier Alvarez, de la gestión de Jerí, aseguró que estaban "garantizadas", algo desmentido por el propio documento oficial.


Ante las denuncias públicas e indignación de mucha gente, el Congreso acaba de aprobar solo 50 millones para contener la crisis, apenas el 6% de lo solicitado y ha autorizado al MINEDU a reasignar recursos de su propio presupuesto, incluyendo la posibilidad de solicitar 50 millones adicionales a las reservas del Estado. Esta "salida", no está asegurando el presupuesto que requiere Beca 18 y la incertidumbre, así como la posible precarización de la Beca 18 continua. Mientras, tanto el presupuesto del Congreso y todas sus gollerías, está absolutamente garantizado.

Es que detrás de esta contradicción hay una realidad concreta: casi 100.000 jóvenes ya rindieron el examen sin saber que no había presupuesto asegurado. La consecuencia es inmediata: incertidumbre, riesgo de continuidad y una sensación de abandono institucional.

Ya varios han ido señalando a lo largo de esta discusión, que las becas no deben verse como un gasto, sino como se garantiza su retorno social y es evidente que Beca 18 tiene un retorno positivo incalculable, sobre todo cuando esto implica dar formación, especialización académica, que bajo otras circunstancias jamás lo hubiese logrado. Entonces, esto de ninguna manera es un gasto: es una inversión.

Esto no niega los problemas y como todo programa social, no solo aquí, sino en el mundo, tiene desafíos y aplicado a nuestro medio, ello implica mejorar la difusión en zonas rurales, fortalecer la nivelación académica, consolidar el acompañamiento emocional, articular mejor con universidades públicas y robustecer la inserción laboral. Son ajustes razonables. Ninguno justifica desfinanciarla.

Beca 18 no solo transforma vidas: genera capital humano, dinamiza economías regionales y reduce desigualdades. Recortarla no es ahorrar: es renunciar a un país con más oportunidades y aunque esto ya nos viene ocurriendo en otros campos y particularmente en la educación, no permitamos que coloquen la cereza sobre la torta.

Blindar Beca 18 es blindar el derecho a estudiar, a elegir y a construir futuro. El gobierno debe decidir si quiere sostener una política que funciona o continuar con el avance sistemático de la aplanadora que todo destruye, frente a nuestra vergonzosa impotencia.


1 CAPPES, Centro para el Análisis de Políticas Públicas de Educación Superior. El Impacto de Beca 18 en el proyecto de vida de sus becarios, Estudio Beca 18, mayo 2025