Aniversario de Lima: tantos años, tanta gente. , Epicentro Tv

Aniversario de Lima: tantos años, tanta gente.

Creo que no me equivoco al señalar lo poco común que es que la fundación de una ciudad genere tanta polémica como ocurrió con Lima. Cada 18 de enero surgen, desde diversos campos, dos posturas contrapuestas sobre la ciudad. Por un lado, está una versión "oficial" que alude a la fundación española de la ciudad por parte de Francisco Pizarro; se trata de la ciudad pequeña que vimos hasta mediados del siglo pasado, caracterizada por un crecimiento tímido y que políticamente se encontraba en constantes rencillas con otros centros urbanos del país. Por otro lado, tenemos a la Lima "desbordada", como diría Matos Mar; construida sobre las arenas, haciendo alusión a Martuccelli. Es la Lima de millones de habitantes, muchos de ellos migrantes, que conocemos hoy y que ha alcanzado una superioridad política indiscutible sobre el resto de las ciudades. ¿Cómo abordar los dilemas de una ciudad con siglos de historia?


Partamos por algunas ideas de lo que hemos visto en estos días. Uno de los protagonistas de la celebración por el aniversario de la ciudad ha sido el órgano municipal encargado de la recuperación del casco histórico: Prolima. Durante los últimos años, esta entidad ha llevado a cabo puesta en valor de monumentos inmuebles, mejoras de ornato, proyectos de peatonalización, espacios culturales, etc. Sin embargo, muchas de las críticas al trabajo de esta institución apuntan al hecho de que pretende reducir a Lima a su faceta "colonial". Estas críticas suelen catalizarse aún más con ciertas acciones, como por ejemplo la de darle a una estatua ecuestre de Francisco Pizarro un lugar más céntrico, a pocos metros de la Plaza Mayor. ¿Tiene sentido, en una Lima tan grande y diversa, seguir dándole prioridad a la restauración de iglesias, plazas, casonas o estatuas de la época colonial o de los primeros años de la República? 

El mundo católico y el andino 

La respuesta es sí. ¿Por qué? Porque  el aniversario de Lima sirve para pensar el Perú en clave histórica, asumiendo todas sus complejidades. Es cierto que en el área donde se sitúa nuestra ciudad existía un centro urbano cuyos rezagos podemos ver hasta el día de hoy (y ojalá pudiésemos ver más), pero esa no es la Lima que conocemos. Lima y el Perú surgen de la colisión del mundo católico con el mundo andino. Dicha colisión no fue pacífica ni amable, fue una conquista violenta y bárbara bajo todos los estándares contemporáneos, pero ahí está el asunto. 

Es imposible tratar de comprender, ni qué decir juzgar, el comportamiento de personas que vivieron hace cientos de años bajo los estándares modernos. Sí podemos, sin embargo, entender nuestra propia historia mediante comparaciones justas. Podemos señalar, por ejemplo, que el catolicismo hispánico jugó un rol crucial en la forma en que se desenvolvieron los hechos de la conquista y cómo ello moldeó el país que conocemos; otro hubiese sido el escenario de haberse dado una colisión entre la civilización andina y el protestantismo anglosajón. El pasado hay que aceptarlo, no con resignación ni con una reivindicación ciega, pero sí con justicia. No hay sentido en pretender que el Perú niegue los componentes que lo conformaron, sean estos el andino o el católico, el español o el americano. Aquéllos que pretenden hacerlo suelen tomarse las mismas licencias lógicas e históricas que quienes sostienen la fantasía contraria de la "iberosfera".  

Repensar la ciudad


Pasando los siglos, toca también repensar la ciudad que se formó durante la segunda mitad del siglo pasado. Puntualmente, con esta idea nos referimos a la explosión demográfica, producto de diversos fenómenos, que tuvo lugar en la ciudad por aquellos años. Sobre este punto muchos han dicho que ese fue el momento en que Lima se diversificó, dejando así de ser esa Lima "blanca y criolla" para pasar a ser una ciudad multicultural. Más allá de las sobre simplificaciones, entiendo y comparto gran parte de este argumento. Sin embargo, creo que Lima no debe sólo pensarse ya en clave "multicultural", como lo hemos entendido hasta ahora, sino que debe entenderse en los términos de una ciudad cosmopolita. Me explico a continuación.

Cuando se habla de una Lima multicultural se habla de una ciudad que ha absorbido gente de todas las características que tiene el país. Por poner un ejemplo, el distrito con mayor número de quechua hablantes del Perú no es ninguno del sur andino, sino es San Juan de Lurigancho. Este fenómeno es sumamente positivo. Lo que falta ahora, y que haría de Lima una ciudad cosmopolita, es insertarse y absorber todo aquello que pueda del resto del mundo. Lima, así como todas las ciudades, deben ser puentes entre el mundo globalizado y las dinámicas nacionales. Los progresistas vemos en la diversidad y el intercambio una fuente de fortaleza para nuestros valores: tolerancia, inclusión, crecimiento, etc. Con una posición geográficamente privilegiada, nuestra ciudad debería apuntar a hacer más ambiciosos sus horizontes de pluralidad.

Lima política

Un último punto que creo importante mencionar, más aún de cara a las elecciones municipales a fin de año, es la forma en que Lima se piensa políticamente. Es común para la izquierda hacer constantes referencias a "las limas", una frase cuya exactitud nunca terminé de entender. Creo importante llamar la atención sobre ello: no existen muchas "limas" y debemos apuntar a que exista una sola. Esta debe ser diversa y cosmopolita, pero una sola, al fin y al cabo. 

Por supuesto que habrá áreas en las que predominen ciertos patrones: zonas más residenciales, puntos de encuentro más reconocidos que otros, etc. Eso es natural en toda gran ciudad de más de diez millones de habitantes. Lo que no es natural es la inmensa cantidad de distritos que conviven dentro del área de la Municipalidad Metropolitana: una desconcentración radical del poder político que nos impide pensarnos en colectivo. No necesitamos una narrativa de "las limas", necesitamos una Lima que se piense como gran comunidad y que tenga autoridades con el poder político para mejorar sustantivamente el nivel de vida de los ciudadanos, sin que importe tanto en qué distrito vive uno. La diversidad o lo cosmopolita no se contraponen con la necesidad de un gobierno responsable.

Ello es importante, más en un año electoral, porque con los cambios demográficos que vivió la ciudad en el siglo pasado se ha extendido una narrativa que, quizá, sea la que domine hoy la forma en que nos pensamos. Me refiero a la Lima autoconstruida, hecha por sus propios ciudadanos, los cuales serían migrantes heroicos que han luchado por encontrar su lugar en el país. Todo eso es cierto, sin lugar a duda; aunque ello no implica que sea deseable. Me explico: la épica heroica de la ciudad construida por sus ciudadanos fue un proyecto político de "liberales criollos" (citando a Dargent) totalmente contrapuesto a un modelo de ciudad en donde era el Estado el encargado de diseñar y construir la ciudad.  

Con Fujimori y De Soto, la postura de derecha alcanzó predominancia, dejando de lado así el modelo de la residencial (San Felipe, Santa Cruz, etc.) por el de la titulación individual. El efecto de esto lo estamos viviendo ahora. Una propuesta pensada para el corto plazo no resiste el paso del tiempo y lo que tenemos en nuestro tiempo es una ciudad que no da para más. Construcciones precarias vulnerables a la fuerza de la naturaleza, transporte desordenado, inseguridad, caos, etc. La épica de la ciudad autoconstruida anestesia en gran medida un hecho fundamental: la claudicación del Estado sobre sus responsabilidades básicas con sus ciudadanos. 

Hoy en día y de cara a nuevas elecciones, una propuesta progresista ambiciosa sería la de retomar ese rol por parte del Estado, que implicaría repensar el modo en que la urbe se administra políticamente. No podemos seguir construyendo ciudad sobre la base de una épica cotidiana que demanda heroísmo día tras día. La gente se cansa de ser héroe, más aún cuando nunca pidió serlo. Una ciudad en donde cada uno pueda gozar de seguridad íntegra en lugar de vivir a la defensiva bajo la ley del más fuerte: esa es la idea de una Lima moderna. Hacerla realidad es, está de más decirlo, un camino sinuoso y largo. Sin embargo, ese camino se hace un poco más claro en un año de tantas decisiones políticas como este. Si algo ha sido Lima en estos 491 años es ser centro de disputas políticas fundamentales para su historia y la del país. No tendría por qué ser distinto hoy en día.