Cuando Perú jugó el mundial de fútbol de Rusia, pidió a sus abogados que le llevaran una camiseta de la selección. Era un fanático del fútbol desde niño. No se quitó la blanquirroja en todo el campeonato. En su desquiciado mundo paralelo se sentía un patriota.

El sábado 11 de septiembre desayunamos con su esquela y parece que un alivio colectivo recorrió costa, sierra y selva. Hijo de todo lo posible, genocida, terrorista, bestia. Un sinfín de calificativos se han dicho hoy entre sorbo y sorbo de café, como si las palabras pudieran convertirse en combustible para las calderas del infierno. infierno en el que él, por cierto, no creía. Se le acusa de ser el autor intelectual de más de 35.000 muertes.  Murió a los 86 años víctima de múltiples afecciones y negándose a ser trasladado a un centro médico, pero el tema no está zanjado.  El cuerpo de Manuel Rubén Abimael Guzmán Reinoso pronto se lo comerán los gusanos o las llamas o el aire, pero su partido, su pensamiento y sus sucesores están ahí vivos y dispuestos. No tuvo hijos de sangre, no los quiso tener, ahora la única dueña de su cadáver es su esposa, Elena Iparraguirre, camarada Myriam. Por más de una década estuvieron recluidos juntos en la Base Naval del Callao, hasta que ella fue trasladada al penal Virgen de Fátima. Durante todo este tiempo, tuvieron derecho a sus visitas como pareja y a conversaciones de camaradas. Personal del INPE que estuvo presente cuando se le comunicó que era viuda, cuenta que gritó, lloró y amenazó con que algo iba a suceder en represalia. Ya ha solicitado que le sean entregados sus restos a una ex camarada que está en libertad y ha enviado un mensaje donde dice que las circunstancias de su muerte le llevan a pensar que han planificado su asesinato. Por ley, tiene derecho a salir de prisión para enterrarlo.

Ella es su sucesora natural al frente del partido, pero está mayor y está presa. Además, no toda la vieja guardia senderista es “Elenista”. Cómo se recompondrá ahora el partido es la gran interrogante. Parece que “Gonzalo” no pensó en un Sendero sin “Gonzalo”.

El Partido Comunista nunca llegó a celebrar su segundo congreso ni puso en marcha la nueva reconstrucción, por lo que sigue al frente  la vieja guardia que está en prisión.  Un comité central que apoyó a su líder en su anuncio de dejar las armas y pedir amnistía. Fue detenido el 12 de septiembre de 1992 y presentado como un león enjaulado. Fue sentenciado a cadena perpetua, pero un año más tarde, en 1993, reconoció su derrota, el éxito del gobierno de Alberto Fujimori y pidió negociar un acuerdo paz como una “necesidad insoslayable”.  Todo esto lo dijo en un mensaje televisado y vistiendo casaca y buen afeitado.  “Gonzalo” se convirtió en un tigre de papel, en un traidor, según el pensamiento maoísta que él mismo defendió.   El camarada “Feliciano” lo repudió por traidor y revisionista. “Cobarde, alcohólico y llorón, así lo describía “Feliciano” quién lideró, hasta caer preso, el llamado Sendero Rojo en el VRAEM. Tomaron la posta los hermanos Quispe Palomino, quienes también lo repudian. Los Quispe Palomino siguen levantados en armas. En el Huallaga, el camarada “Artemio”, el único del comité central que quedaba libre, no siguió la orden de dejar las armas, pero tampoco repudió a Abimael Guzmán hasta que fue detenido.  A día de hoy,  el narcotráfico es el mejor aliado  de la revolución popular.

Estuvo los últimos 29 años detenido, pero no muerto políticamente.  Desde la cárcel, impulsó la creación del Movadef, movimiento por la amnistía y los derechos fundamentales. El Movadef trató de inscribirse como partido político, pero no lo logró porque en sus estatutos siguió defendiendo el pensamiento “Gonzalo” y esto fue vetado por el Jurado Nacional de Elecciones, porque consideró que era legalizar la apología del terrorismo.

En los últimos años, el Movadef ha sufrido duros reveses. En el 2014 tuvo lugar el operativo Perseo y a finales del año pasado, el operativo Olimpo, por los que muchos de sus integrantes están procesados o en prisión preventiva, acusados de pertenencia o filiación a grupo terrorista. Sigue habiendo senderistas jóvenes y viejos que han ido saliendo de las cárceles, pero no del pensamiento “Gonzalo”.

En sus retratos, siempre aparece con un libro debajo del brazo, nunca cargando un arma. Adicto a la Coca Cola hasta el final de sus días y al Winston rojo del imperio. Antiburgués que se ahogaba en whiskey Chivas, amante de la música clásica y de los disparos asesinos, de los libros de historia y política y de Gabriel García Márquez, de Mao, de Lenin, Marx. Se formó políticamente en la China de la revolución cultural, a dónde viajó hasta en tres oportunidades, una de ellas con su primera esposa, Augusta de la Torre, Camarada Norah, sin la que Gonzalo, dicen los estudiosos, no hubiese sido más que un ideólogo con barriga de buen comer. La muerte de la Camarada Norah, primera esposa de Guzmán sigue cubierta de misterio. Durante su formación ideológica china, aprendió que el miedo y el terror son las armas más potentes y las utilizó sin control. Diseñó una guerra popular, mandó a matar, pero nunca se atrevió a empuñar un arma. Implantó la dictadura de su persona y de su pensamiento dentro del Partido Comunista, diseño la revolución, el nuevo poder iría del campo a la ciudad, pero siempre vivió en la ciudad, amparado en su psoriasis. Las alturas, el frio, el hambre, no eran para él. Eran para sus columnas y para sus asesinados. Su plato favorito era -y fue hasta el final- el lomo saltado.  Como a la vida le gustan los caprichos, el día que fue capturado, los que se cocinaron y comieron un lomo saltado en su casa, fueron los agentes del GEIN que lo detuvieron. Guzmán tenía la nevera llena de carne fina y los agentes del GEIN celebraron su hazaña comiéndose, en su casa, su lomo fino. Al presidente Gonzalo le gustaba la carne y la sangre de otros, por eso se entregó levantando las manos, esa fue toda su valentía aquel 12 de septiembre de 1992, cuando fue detenido por los agentes del Grupo Especial de Inteligencia del Perú, comandado por el mayor Benedicto Jiménez y el comandante Marco Miyashiro.

Un ego tan grande como su inteligencia para el mal. Así lo resumen varios agentes de Dirección Contra Terrorista, DIRCOTE. Ego y capacidad colosales para pensar, diseñar, organizar, y materializar su doctrina, su guerra popular y autoproclamarse el “presidente Gonzalo”.  Una guerra que desangró al país. Un ego y una inteligencia que parieron un ejército de fanáticos.  Fue el 17 de mayo de 1980 en Chuschi, cuando Sendero Luminoso perpetró su primer atentado. Empezó ahí un conflicto interno que se llevó la vida de más de 70.000 personas. 35.000, a manos de Sendero Luminoso, según la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. A manos de Guzmán, el presidente de la muerte. El filósofo arequipeño que llegó a dar clases a la Universidad San Cristóbal de Huamanga en Ayacucho y encontró en el rincón de muertos el caldo de cultivo perfecto para dar rienda a su locura ególatra.

Lucanamarca, Soras, Tarata, esa es parte de la herencia que ha dejado ese filosofo de la muerte ajena que era Abimael Guzmán. En la llamada entrevista del siglo que concedió a El Diario, dijo que Lucanarmaca, donde Sendero Luminoso asesinó a 69 personas inocentes, entre ellas niños, había sido un error. Un error, punto. En esa misma entrevista, que para algunos es su particular ideario, le preguntaron cuál era su principal temor y respondió: “¿cuál podría ser el máximo temor? ¿Morir? Como materialista, creo que la vida termina algún día, lo que prima en mí es ser optimista, con la convicción de que la labor a la cual sirvo, otros la han de proseguir, la llevarán hasta el cumplimiento de nuestras tareas definitivas”.  Su optimismo es lo que ahora debemos combatir, no con radicalismos, no con estereotipos, no con la terruqueada como bandera. Si seguimos así, él seguirá siendo optimista. Sabrá que alguien llegará a crear y a gobernar fanáticos.