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"Entre el Ejecutivo y el Legislativo, me preocupa más el Legislativo"

Daniel Parodi, historiador y docente universitario, analiza y escribe permanentemente sobre el país. Una de las cosas que más le preocupa es que los partidos comprometidos con la corrupción pasen la valla electoral y lleguen a controlar el Senado para, luego, deshacerse del futuro presidente, si éste no es corrupto. En esta entrevista analiza la coyuntura y reflexiona sobre la corrupción en el Perú y el mundo.

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Historiador, Doctor por la Universidad de Valladolid.

-En poco menos de dos meses los peruanos elegirán a 303 nuevas autoridades, entre presidente, vicepresidentes, diputados y senadores, y en octubre, a 13,031 autoridades regionales y municipales. ¿Es posible en este contexto el debate de propuestas de fondo como educación, minería ilegal o seguridad social, o sólo coyuntura como la inseguridad? 

-Difícil pregunta. En 1928, Haya de la Torre le escribía a Rómulo Meneses: "esto aprovecha a nuestra causa. Por eso, estamos de acuerdo en dejar que siga la propaganda y hasta ayudarla para que mucha gente que no ve las cosas sino a través de elecciones, candidatos etc. se afilie". Definir cómo se llevará una campaña electoral no depende sólo del número de candidatos, sino de lo que somos como sociedad, y el Perú se caracteriza por la heterogeneidad. Por ello, en esta campaña convivirán propuestas populistas de lo más absurdas e irrealizables, con proyectos programáticos más serios como los que enarbolan los candidatos Alfonso López Chau y Jorge Nieto, ambos, formados en México, el primero en Economía y el segundo en Sociología. Otro elemento para comprender al Perú electoral es el identitario. Tampoco se puede dejar de lado al Perú anémico, no sólo de la sangre, sino de los servicios más básicos del Estado y también anémico de inclusión, de sentido de la justicia, de sentido de pertenencia. Así que la respuesta no es una cosa o la otra. Esta campaña será extraordinaria: una serie de disyuntivas entrarán en tensión como la dicotomía honestidad-corrupción. El que halle un mejor equilibrio, el que toque las fibras más sensibles, probablemente tenga más opciones de ganar las elecciones. 

-¿En el tema de la corrupción, en qué ha cambiado el país en las últimas décadas? Si Manuel González Prada decía "el Perú es un organismo enfermo: donde se aplica el dedo brota pus", entonces, la corrupción es histórica, como el racismo, la discriminación.

-González Prada también dijo en el célebre discurso pronunciado por una niña en el Politeama el 29 de julio de 1888, que (lee): "los viejos deben temblar ante los niños, porque la generación que se levanta es siempre acusadora i juez de la generación que desciende. De aquí, de estos grupos alegres i bulliciosos, saldrá el pensador austero i taciturno; de aquí, el poeta que fulmine las estrofas de acero retemplado; de aquí, el historiador que marque la frente del culpable con un sello de indeleble ignominia". Relatos oprobiosos acerca de la corrupción vamos a encontrar en documentos coloniales, republicanos tempranos, finiseculares y en los baños de Palacio en tiempos de Pedro Castillo. Por eso yo no hablo de corrupción, yo hablo de "cultura de la corrupción", que consiste en entender y concebir naturalmente al Estado como la oportunidad del enriquecimiento súbito. Los españoles que vinieron con Francisco Pizarro, que querían enriquecerse y ascender socialmente, casi imposible en España por tratarse de una sociedad del Antiguo Régimen, venían a América. Muy poco control, reitero, y entonces, cada quien obtenía su tajada del Estado. Pero lo realmente dramático es que nadie corrigió esta costumbre desde que nos convertimos en República. Sólo la sátira política, como hasta ahora, se ocupó seriamente del tema. Allí tenemos la célebre caricatura de la pluma del francés Williez, de 1854, donde aparece el presidente José Rufino Echenique literalmente mamando las ubres de una vaca que representa las arcas estatales, y a Juan Crisóstomo Torrico tirando de la cola del animal con la intención de "participar de la fiesta".

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Caricatura de Williez: José Rufino Echenique

-Existe la sensación de que algo muy malo ha pasado los últimos años y que cada día estamos todavía peor. ¿Cómo podría ser esto posible?

-La década de 1980 me entristece. Nos ganó la inflación, la migración masiva que no pudimos atender, la crisis económica, la deuda externa y, por supuesto, el terrorismo. Fue la década en la cual la participación política se canalizó más a través de los partidos políticos y la participación popular a través de los sectores organizados. Al Fujimorismo lo ponderamos positivamente en lo económico y negativamente en lo político debido a la dictadura, pero lo que perdemos de vista es la cultura política que consolidó su régimen. El verdadero problema es que el modelo fujimorista -tras un siglo XX de ininterrumpidos golpes de Estado, con una derecha, un centro y una izquierda política institucionalizadas- hizo tabla rasa de cualquier institucionalidad republicana e instituyó el clientelismo, el caudillismo y el patrimonialismo como forma de relación entre Estado y sociedad. En otras palabras, nos devolvió a los tiempos coloniales o a los inicios de la República, a nuestra cultura política de siempre. Se consolida la idea del Estado como fuente de enriquecimiento vertiginoso e ilícito sin otra alternativa, más republicana e institucional, que le haga frente como la que se había comenzado a instituir desde la Constitución de 1979. Luego, la clase política que recupera el poder en 2001 es también responsable de esta sensación, muy real, de que las cosas ahora son peores. La Ley de Regionalización de Alejandro Toledo es una de las reformas más torpes e inoportunas de toda la historia. Fujimori acababa de barrer con la partidocracia instituida en 1978, y Toledo, seguidamente, dividió al Perú en 24 gobiernos regionales. ¿Para que los gobierne quién, si ya no había partidos políticos o se habían reducido a su mínima expresión? Entonces, volvimos al ensombrerado personaje principal del pueblo o de la ciudad, como en tiempos del primer militarismo, sólo que, en este caso, se trató de un comerciante exitoso, un narco, talador o minero ilegal, con recursos del Estado para fortalecer su presencia en vastas regiones del país. Y de esto, y de los miles de frentes regionales en cada elección regional, no sé cómo se regresa. Sólo puedo decir que el sistema está mal hecho, que tiende a replicarse solo y a hundirse cada vez más -una vez más- en el fango.

La última etapa de esta debacle viene en dos capítulos. El primero es la derrota de Keiko Fujimori ante Pedro Pablo Kuczynski, en 2016, y el irrefrenable ánimo de revancha de aquella que antepone a cualquier actuación política racional, hasta que, finalmente, el veterano presidente se ve obligado a renunciar. El segundo es cuando Martín Vizcarra se desmarca del fujimorismo y se sube al caballo de la acusación contra los "Cuellos Blancos del Puerto" para atacar el corazón de la clase política tradicional y su intrincada relación con actividades ilícitas. Aquí la guerra es abierta, cada uno se muestra como es, ya nadie tiene vergüenza de defender personajes absolutamente vinculados con la corrupción.

-¿Y así como describe el país y el mundo, al margen de quién sea el próximo presidente y de quién tenga mayoría de senadores y diputados, qué le espera al país?

-Aunque suene desfasado permíteme apelar al vitalismo de Herny Bergson, que le encantaba a José Carlos Mariátegui. Vitalismo es el élan vital, la capacidad humana de transformar el entorno, de influenciar en el rumbo y en el ritmo de la historia. Yo creo que si los peruanos lográramos colocar una mejor clase política en el gobierno podríamos intentar transformarnos en algo mejor a lo que hemos sido. Por eso no podemos analizar una premisa que englobe a cualquier presidente o cualquier Congreso sólo en virtud de la coyuntura mundial. Hay mucho de peruano en nuestra crisis, no todo es cuánto suben o bajan el precio de las materias primas. En casi todos los países del mundo hay corrupción, pero en Alemania hay mucho menos corrupción que en el Perú, lo mismo que en Japón. Entonces, comencemos por nosotros mismos. Si tenemos una oportunidad, lo tengo meridianamente claro, y aunque suene maniqueo, que de lo que se trata es que el Poder Ejecutivo y el Legislativo resulten controlados por gobernantes y representantes lo menos corruptos posibles, por hombres y mujeres comprometidos con el servicio público y con un proyecto de desarrollo para el país, y eso no depende de ninguna coyuntura internacional. Mira como se hizo Corea del Sur, solita. Mira China, desde Deng Xio Ping, solita. Pues, necesitamos eso, un proyecto de desarrollo que se cumpla. Entre el Ejecutivo y el Legislativo, me preocupa más el Legislativo. Me parece que si a la segunda vuelta pasa un candidato no identificado con la corrupción, resultará finalmente elegido. El Senado es bien complejo por este sistema con 38 listas compitiendo y resulta que los partidos supuestamente comprometidos con la corrupción pueden pasar la valla electoral. No importa si con 10, 8 o 5 %. El tema es que, sumados, tranquilamente pueden controlar el Senado y desde allí deshacerse rápidamente, vía la vacancia, de cualquier presidente que aspire a cambiar al triste estado de cosas que rige en el país. 

-Entonces, no hay diferencias sustanciales de este proceso electoral con los anteriores...

-Parecería que no. Parecería que la dispersión del voto volverá a imponerse, lo cual tiende a favorecer a los partidos vinculados con las redes de corrupción que han copado el Estado, pero también podría haber sorpresas. Es decir, que el voto se termine aglutinando sólo en tres candidatos o partidos políticos, y volvamos a un esquema como el que tuvimos hasta 2016. Eso está por verse.

-En el ámbito internacional, cada crisis económica de los Estados Unidos y de los países más desarrollados afecta al mundo, como la devaluación del dólar o el aumento de los metales. Eso, o el caso Epstein, con el nivel de corrupción de las élites mundiales y la impunidad, ¿va a repercutir en el Perú?

-De alguna manera, los más chicos imitamos a los grandes, en la escuela, el barrio, etc. Sin embargo, existen otras claves del escenario mundial que no podemos pasar por alto. Durante la Guerra Fría sabíamos que el mundo se había dividido en virtud de dos ideologías enarboladas por dos potencias que se odiaban, pero, finalmente la bipolaridad constituía un cierto orden mundial. En él, la ONU, fundada en 1945, y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 1948, otorgó algunas pautas a las cuales aferrarse. Surgió el Tercer Mundo, los No Alineados. Desde 1989 hemos proclamado varios nuevos órdenes mundiales: el de George Bush padre, que inaugura la década neoliberal. Luego, la década milenio, periodo de transición entre el unilateralismo de Estados Unidos y un esquema multipolar donde emerge China, lo que permitió al Perú, disfrutar de una nueva "falaz bonanza económica". Después, cambiaron los contenidos ideológicos. La izquierda se volvió progresismo y la derecha viró al conservadurismo, y entramos a la encarnizada "Batalla Cultural", que ha dotado de nuevos significados a las luchas políticas dentro de un esquema dicotómico: el diálogo democrático desaparece, la democracia, bien entendida, desaparece. Sólo permanece el enfrentamiento entre extremos, y las grandes potencias y principales políticos se suman convenientemente a estos encarnizados combates. Este es el caso de Trump, que ha planteado la consigna de "una nación bajo Dios", pero no un Dios inclusivo, sino uno que confronta a todo aquel que no encaja con el "nuevo sueño americano". Hasta hace dos años parecía claro que el mundo se consolidaba con un eje USA-Europa vs. Rusia-China, al que podrían adherirse los BRICS, pero Trump lanza sobre la mesa los dados de la geopolítica. Y el caso Epstein sólo nos muestra que, desgraciadamente, no estamos solos, y que la degradación del poder y de nuestra política es, más bien, ecuménica. Y el Perú, no necesita de Epstein, ni de la revelación de sus archivos secretos para estar sumido en el fango.

-Fuera también se ve un nacionalismo creciente como bandera, el desprecio por la cultura, por el pobre, por el migrante. Se ve corrupción extrema y apoyo incondicional a Israel en Gaza, el incremento del armamentismo en Occidente y a todo lo que Trump y sus aliados quieren. ¿Esto también se refleja en el país?

-Me vuelves a introducir a la "Batalla Cultural". Me estás mostrando una parte de esa batalla, pero luego está la otra: tumbarse estatuas de Thomas Jefferson por poseer esclavos cien años antes de la abolición, un enfrentamiento fiero y terrible entre españoles y mexicanos sobre si la conquista fue una obra de beneficencia o un genocidio, un feminismo radical en el cual dificultó que una figura como la de Irene Montero represente fielmente el sentir de la mayoría de las mujeres y hombres que adhieren al feminismo. Es que no es la guerra de los sexos, no se trata de condenar a los hombres al cadalso a que paguen por las barbaridades que hicieron otros hombres hace cincuenta o cien años. Las grandes mayorías aspiran a la armonía social y les estamos ofreciendo la guerra y el conflicto por todos lados. Antes era el pensamiento único o políticamente correcto, ahora se ha multiplicado a la N potencia: todos reclaman el pensamiento único, derechas e izquierdas, conservas y progres, y se trata de imponerlo a los demás conculcando el punto de vista ajeno, y así se murió el sentido común democrático, así enterramos a Rousseau, a Montesquieu, a Voltaire, etc. Lo de Europa es distópico: se ha declarado en el Viejo Continente una nueva Guerra Santa entre el cristianismo y el islam, y ha eclosionado en las redes sociales, pero no sólo en ellas. Se multiplican los gobiernos europeos que, muy a tono con Donald Trump, anuncian que expulsarán de su territorio a la migración ilegal y prohíben la entrada de más inmigrantes a sus países. Europa se cierra en sí misma, el argumento esgrimido es más cultural que económico: acusan a los árabes de intentar un reemplazo étnico e imponer la Sharía, ley islámica que distingue lo permitido de lo prohibido. Les preocupa también que la población islámica en Europa haya alcanzado el 6 % del total. Luego, estas pulsiones nacionalistas resultan también de la crisis de una Europa socialdemócrata tibia e indefinida que no ha sabido posicionarse ante el mundo, situación que evidencia su servil sumisión a Estados Unidos en la guerra de Ucrania y ante la muerte de civiles y de niños gazaties. 

En el mundo contemporáneo ya nadie se calla nada. Las redes sociales son carburantes para esta batalla, la incitan y conducen. A través de ellas nos hemos dividido en bandos, en tribus. Hemos olvidado nuestra cualidad humana y que, en virtud de tal, aprobamos una Declaración de Derechos en 1948. La guerra ha comenzado en las redes, la pregunta es cuándo llegará a los campos de batalla. ¿Será una guerra entre potencias o entre civilizaciones? ¿será ambas cosas o no será? En el Perú no estamos aún tan intoxicados, nuestra corrupción local nos sobra y basta. La congresista Milagros Jáuregui le muestra a la opinión pública un hogar para niñas violadas. La finalidad de la institución es que termine el embarazo, parte de la opinión está horrorizada, pero lo cierto es que nadie dialoga. Mi generación recuerda a los constituyentes del 78, el exquisito diálogo político-académico entre opuestos ideológicos. Ya no queda ni uno.  ¿Serviría estudiar estos debates en la escuela?


(*) Colaborador. Periodista y docente universitario.