La semana pasada, el Congreso le asestó un duro golpe a la Educación Sexual Integral, al establecer que los padres tengan que ser consultados sobre los temas a tratar en este campo tan delicado y lleno de prejuicios que, desde el conservadurismo, acechan permanentemente las políticas públicas sobre este tema. Básicamente se pretende vetar el enfoque de género en los textos escolares. Esta vez es la psicoanalista Paula Escribens de la SPP, quien nos ayudará a reflexionar sobre las implicancias

Las cifras de violencia sexual en el país son de terror. A continuación, algunas:

En los últimos 14 años, el porcentaje de adolescentes embarazadas peruanas ha aumentado y disminuido; sin embargo, se ha mantenido dentro del rango de 12% a 15%. Según el Fondo Nacional de Poblaciones de las Naciones Unidas, el 32% de las adolescentes peruanas embarazadas no tiene ningún nivel educativo, el 45% solo tenía hasta el nivel primario, el 12% se encontraba en el nivel secundario y solo el 7% tenía educación superior.

En el Perú, cada día 16 niñas y adolescentes mujeres son víctimas de abuso sexual. Entre el 2020 y 2021, los casos de maternidad adolescente entre menores de 15 años se incrementaron de 1,158 a 1,438, según Naciones Unidas.

Según la Encuesta Nacional de Relaciones Sociales del Perú – ENARES (INEI, 2013 y 2015), más del 80% de niños, niñas y adolescentes han sido alguna vez víctimas de violencia física y/o psicológica en sus hogares y/o escuelas. Asimismo, más del 45% de adolescentes experimentaron, alguna vez, una o más formas de violencia sexual con o sin contacto. Estas alarmantes cifras muestran la realidad del Perú en cuanto a la violencia ejercida hacia la niñez y adolescencia.

Demasiados jóvenes reciben información confusa y contradictoria sobre las relaciones y el sexo a medida que hacen la transición de la niñez a la edad adulta. Ello ha conducido a un aumento de la demanda por parte de los jóvenes de información confiable que los prepare para llevar una vida segura, productiva y satisfactoria. Correctamente enseñada, la educación integral en sexualidad responde a esta demanda, empoderando a los jóvenes para que tomen decisiones fundamentadas en lo que respecta a las relaciones y la sexualidad, ayudándolos a desenvolverse en un mundo donde la violencia y las desigualdades basadas en el género, los embarazos precoces y no deseados, y el VIH y otras infecciones de transmisión sexual (ITS) continúan planteando graves riesgos para su salud y bienestar. Asimismo, una educación integral de calidad en sexualidad deficiente o inexistente, adaptada a la edad y a la etapa de su desarrollo, expone a los niños y jóvenes a una situación de vulnerabilidad frente a las conductas sexuales negativas y a la explotación sexual.