Una agente de la CIA que se ve como blanco principal de una emboscada del ISIS en África y logra matar a su agresor. Un agente de inteligencia francés que por amor renuncia a su misión, a pesar de que es muy exitoso. Un libanés nacionalizado estadounidense con motivos para vengarse de ISIS y que rastrea un cargamento de cocaína que financia la guerra. Un alto cargo de la oligarquía política china enamorado de su esposa actriz y jugando con fuego en el peligroso mundo del poder en su país. Una ambiciosa presidenta coreana obsesionada con unir las dos coreas sin importar el precio. Una presidenta de Estados Unidos con una hija adolescente en problemas y un matrimonio agónico, lidiando con tentativas de guerra en varios lugares del mundo. Todos son personajes de Nunca, la nueva novela de Ken Follet, el exitoso autor de la Trilogía del Siglo, conformada por La Caída de los Gigantes, El Invierno del Mundo y el Umbral de la Eternidad. Las tres anteriores son historias sobre la Primera Guerra Mundial, la Segunda Gran Guerra y la Guerra Fría y ahora en Nunca propone como llegamos a la tercera guerra mundial. En Nunca no hay Vladimir Putin ni Volodimir Zelensky, ni Rusia ni Ucrania, ni Bielorrusia, pero hay Coreas y China, Sudan y Chad, Estados Unidos y el resto del mundo.

Leer Nunca en estos días produce una especie de placer culposo. Las historias son fascinantes: violencia, poder y placer son formula infalible pero la historia suena tan cercana al momento que vivimos que produce la extraña sensación de que no es ficción, sino que, con los actores cambiados, Follet nos está contando los entretelones de lo que vivimos ahora en el mundo. Nunca no es solo una historia de escenarios prebélicos, es un relato de cómo la ambición y la soberbia de gobiernos y gobernantes nos pueden llevar a límites insospechados. En Nunca la guerra tiene razones geopolíticas, pero las de mayor peso son las que tienen que ver con la condición humana, la vanidad, la mediocridad y la incompetencia. Follet lo dice con crudeza sobre uno de los gobiernos involucrados: “la incompetencia puede resultar tremendamente estable. El gobierno es brutal e incompetente. El problema es que mienten. Un hombre puede ser leal a unos líderes mediocres, pero a unos deshonestos, no”. Por si no he sido suficientemente clara: Nunca es una gran novela. No se la pierdan.